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VIAJE A LA LUNA

 

Mirarnos hoy día al espejo es una tarea difícil, para los que viviendo en el mundo occidental, tenemos todavía un atisbo de conciencia.

Nacidas en el reino señalado, toda queja o difamación de este sistema, que surge de nuestra boca, resulta poco más que una coquetería.

Sólo esta perversa conciencia de ser parte esencial de la maquinaria que se come la tierra con seres humanos incluidos, nos deja cuanto menos casi sin argumentos de entrada.

Nuestros desasosiegos, quejas o gritos se ven sofocados rápidamente, con ayuda de otras o sin ella, por un sentimiento de pertenencia al orden establecido que nos engulle y fagocita sin posibilidad de escapatoria.

La mayor empresa a la que nos vemos sometidas, no llega siquiera a la actuación, sino a la justificación de nuestras quejas, ya que nuestras formas de vidas contradicen el discurso que pretendemos fundamentar. Entonces, ante la incapacidad para resistirnos a este orden infiltrado por los poros de nuestra epidermis, algunas se ven abocadas a defenderlo en un intento de defenderse, y otras nos quejamos con amargura empachadas, desde nuestros castillos de oro. El caso es que al final todo intento de actuación se ve casi ridículo o directamente imposible.

¿No se podría decir a caso, contradiciendo a la antigüedad, que hoy en día el ser es sobre todo un ser en impotencia?

Sucede que todo cambia de raíz en el momento en el que una nace con la sensación de que está ya todo dado e individualmente no se puede hacer nada para cambiarlo. Pienso que hoy más que nunca estamos atrapadas en una visión de nosotras mismas de impotencia más que de potencia. Sin embargo cuando una se para a pensar mínimamente, se da cuenta de que todo está por construir, de que somos dueñas de una vida no pensada ni decidida de antemano y por tanto en la medida en que todas estamos en la misma situación, también lo social está sometido a la plasmación de nuestros mejores sueños.

Sin embargo pasada la infancia, esa perspectiva es tomada de niñas, de ilusas, madurar es como se suele decir ser “realistas”, “vente a la realidad”, “la vida es muy dura y hay que aparcar ilusiones, deseos y proyecciones”. Hay finalmente que adecuarse a ella, porque está terriblemente dada y nos envuelve con sus garras infinitas. Así en ninguno de los casos la vida tiene que adecuarse a nosotras, (porque no podemos inventarla). Todo lo contrario, el orden está ya establecido y para hacerse adulta y dejarse de flipaduras, hay que someterse a él.

El “orden” desde luego tiene la garantía de miles de años de pensadores proyectando el mejor de los futuros posibles para el hombre. Sin embargo cuando las no elegidas, las no señaladas nos ponemos a pensar no lo podemos creer. Estamos ante un sistema pensado por otros que eligen a unas pocas para que piensen por todas las demás, así lo que las no autorizadas juzguen tiene un resquicio tan mínimo de acción que hace ver el cambio como un imposible.

Los pensadores oficiales, sostienen que es racionalmente impecable mantener, un sistema desigual en el que la gran parte del globo se muere de hambre y la otra pequeña parte vive a costa de ello. También les parece que ordenar es someter a la mitad de la población del planeta bajo el dominio de la otra.

Nacer impotentes, adiestradas para pensar el mínimo imposible, sin capacidad de elección en el transcurso de los cambios que configuran una vida (que es lo único que tenemos), educadas en el temor a las otras y a una misma.

Estas características no parecen diseñadas a priori para dotarnos de tranquilidad mental, para ordenar nuestras vidas de forma positiva. Cabe preguntarse entonces: ¿es esto un orden?

Como parece que sí lo es, (orientado a no tan beneficiosas expectativas para todas por igual), ya que cumple sus objetivos y obtiene lo que busca, entonces nosotras abogamos por el desorden.

Nuestro objetivo es más que nunca ponernos patas arriba. Mirar las cosas boca abajo, entenderlas desde otra manera para ver que otras colocaciones son posibles, que funcionan, que son igualmente ordenadas, pero centradas en la persecución de otros objetivos. Un orden desordenado, uno tan loco, que nos permita delirar tanto, que busquemos dar acción a nuestras fantasías. Que quepan nuestras proyecciones de niños, donde flipar sea una de las formas más serias del pensar.

Donde nunca tengamos que orientar no sólo actos sino pensamientos a la consecución de objetivos crematísticos. Tratamos de crear con este proyecto un espacio con derecho al delirio, donde plasmar con argumentos de peso lo que chorrea sangre, injusticia y miedo. Queremos crear espacios por tanto donde instalar lo que para nosotras es la consecuencia de la mayor de las corduras, porque cuando mejor nos sentimos es cuando más soñamos y creemos que estamos cerca de dar realidad a esos sueños.

Para nosotras hacernos mayores no ha sido dejar de soñar, sino casi convencernos de que esas proyecciones son una pérdida de tiempo.

Sin embargo hemos ido viendo y creando huecos en los que poder dar rienda suelta a nuestras ideas más o menos pensadas pero surgidas casi todas de una preocupación común: si detectamos que este “orden” está agonizando (porque no se sostiene), merece que planeemos su asesinato. Pero para ello necesitamos construir otra cosa, otro “orden” que termine con este letargo y esté pensado por y para muchas.

Esta última empresa señalada es en la que nos encontramos: ir en busca del “desorden” que no pretende ser otra cosa más que (y nada menos por otra parte) mirar lo que ya tenemos desde otra perspectiva que vendría a ser casi la opuesta a la actual, de ahí que hablemos de dar la vuelta al taburete para ver cómo son sus patas. En ésta, la razón estará estrictamente coartada por principios éticos, en la búsqueda también de beneficios, pero para el ser no para el tener.

Nuestra mirada, del mundo al revés, se nutre de la exaltación del que a nuestro modo de ver es el ámbito que merece la pena del ser humano, a saber, el ético-moral, su faceta de ser de código ético para moverse en el mundo. Y de esa base y sólo desde ella, al intento de consecución de nuestros mejores sueños: se venden viajes a la luna, atentas lectoras, al módico precio de dos euros.

Creemos, y creamos en, un espacio en el que podernos mirar al espejo mientras enfundamos las armas. Porque a pesar de todo argumentos no nos faltan, y por eso nos negamos a bajarnos del cohete. Y es que a pesar de contradicciones, lo que verdaderamente no nos cuadra desde nuestros esquemas ético-racionales son los frutos de este orden. Como decía una de las mejores: SEÑORAS ESTO ES UNA ESTAFA!