CONVERSACIÓN EN VOZ ALTA, CON NOSOTROS MISMOS
Lo primero de todo, antes de empezar este nuevo paseo, dejad que nos expliquemos un poco. Al menos dejad que lo intentemos.
Una vez que algo ha ocurrido ya, cuando un camino se cierra, concluye, una que es persona, animal humano, verbalizante hasta el aburrimiento, trata de explicarse a sí misma que es lo que ha pasado hasta llegar a ese punto en el que se encuentra, como ha ido el camino.
Revolución Neolítica fue algo inesperado, un agraciado accidente que comenzaba con una tímida caminata para concluir satisfactoriamente en un cierre, en un claro de bosque que es desde donde ahora hablamos, donde estamos situados. Como un grupo de excursionistas que sin pretenderlo, y tratando de acercarse a un punto de referencia en el horizonte se desvía por un sendero de esos que estaban ya en desuso, un poco abandonados. No era un camino del todo nuevo, pero sí un sendero sin trazar desde largo en el que zarzas, matojos y ramas muertas caídas de las altas copas de árboles hacían fatigosa la empecinada travesía. Sabíamos hasta donde queríamos llegar, y aun no hemos alcanzado ese objetivo. Pero, la fortuna nos sonríe en la precipitada luz del oxigenado claro en lo boscoso de nuestro entorno.
Nos sentamos, nos desprendemos de la carga de nuestros bultos de equipaje, nos desabrochamos las vestiduras y, mientras el sudor de los cuerpos toma aire y se seca, mientras el calzado se ventila, los pies respiran un poco y los músculos se destensan holgadamente comenzamos la charla en el silencio que se escucha. ¿Dónde estamos?. Mientras los resecos gaznates se hidratan en el ir y venir de las cantimploras, alguien asegura sentirse feliz y satisfecho por haber sobrevivido al decaimiento, por haber sobrevivido a semejante camino cultural de cabras.
Algunos aun no han llegado. Les esperamos, confiamos en que no desistan y terminen por alcanzar este lugar de reposo y silencio, este lugar para la reflexión en voz alta y a solas. Lo preparamos todo para pasar la noche.
Pero el descanso, en espíritus jóvenes al menos, tiene la propiedad de lograr acabar con los recuerdos del fatigado ofertando a la mente ya aclarada y distendida la perspectiva nueva de quien nace por vez primera.
Si el camino REVOLUCIÓN NEOLÍTICA cesa en este silencio perecedero, con aquel ejercicio simbólico de sacrificio y muerte (autodestrukttt nº5) , ahora en el sentimiento de calma de quienes se miran y sonríen después del accidente, (como diciéndose con las miradas,”no ha sido nada, estamos bien, sigamos”), decidimos nacer hacia lo nuevo que nos espera.
Hoy amanece cuando las humeantes cenizas del fuego de la noche nos recuerdan que vendrán otros días, que había un horizonte que nos impulsaba a cruzar por entre la boscosidad, un horizonte que, seguramente, nunca alcancemos pero que, sin lugar a dudas funcionará como motor para los próximos tiempos. Motor que nos impulse en grupo y en calmado ritmo incesante en la aventura de vivir en un mundo en el que, no siendo el mejor de los posibles, es sin duda el nuestro.
Recordemos ahora con el nuevo fuego que calienta la cafeínica pócima en esta primera luz del día, en el alba brumosa que despierta el tácito toque de queda de la oscuridad de la noche.
Los presupuestos fundamentales que nos vienen moviendo en la excursión GATZA. Vive esta generación de animales humanos que es la nuestra, en el profundo e irritado sentimiento de pertenecer a una época en la que no se cuece absolutamente nada importante. Sí, nos mueve el sentido dolor de de estar en la historia parada o, en un momento de la historia en el que todo lo que acontece (culturalmente, socialmente) es estéril, banal, vacuo. Es compartido entre nosotras el parecer de que nuestra época es intrascendente, o si lo preferís, que es la nuestra una historia menor entre las historias de la humanidad. Pensamos que esto, tal vez, no sea más que una ficción entre las ficciones, una fantasía causada por la frustración de nuestros mayores. Por su manera de contar lo que fue su tiempo, por esa retórica asfixiante que transmite la estúpida idea de que todo lo auténtico fue vivido ya por ellos, en sus días, y que lo nuestro no es más que un ridículo teatro que consiste en mimetizar malamente aquellos tiempos. Pero si es bien cierto que esta época culturalmente padece los efectos opresivos de la espectacularización, y que estos se traducen en vidas vividas artificiosamente, teatralmente, sin embargo estos mayores olvidan una cosa. Sí, olvidan quienes nos recuerdan constantemente sus duras luchas contra el franquismo y la opresión, quienes repetidamente reproducen el discurso glorioso de la memoria que, esta época estéril también es la suya. Que estos tiempos que nos tocan son el resultado directo de “aquellas incesantes batallas suyas”. Si los jóvenes de hoy carecemos de las virtudes guerreras de nuestros mayores, si sufrimos esta enfermedad de la inmovilidad y la falta de energías, originalidad y decisión que ellos dicen haber tenido, es en gran proporción porque hemos nacido en una sociedad en la que el mal ha ganado la batalla. El capitalismo supino de hoy, la economía separada cual monstruo de los intereses particulares de las personas concretas, este sistema social de asfixia permanente ha venido a ganar la batalla. Y entonces o ellos han perdido su lucha o no es nuestra situación tan mala como dicen. Nosotras vemos que queda mucho por hacer, que todavía hay opciones posibles por intentar levantar pequeñas situaciones constructivas cultural y emocionalmente.
Esta nueva publicación, SOLïLOQUïO es un proyecto que continua de la inercia de lo que fuera RN. Seguimos el camino, ya despunta el sol en un cielo nubloso en el que aun puede pasar la luz suficiente que nos permita andar. Esperamos encontraros, esperamos encontrarnos con otras personas que sigan este camino o al menos compartan el elevado horizonte de construir algo juntos, algo que sea libre (libre de condicionamientos externos a la propia dedicación de escribir, expresar y converger; el mercado por ejemplo ), y esperamos sobre todo que, al terminar, hayamos recogido humildemente los suficientes frutos para empezar algo nuevo. Pero eso será otra historia.
¿Estamos todos?, ¡adelante!.